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El Espíritu de huerto

 

 

 

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 EL ESPIRITU DEL HUERTO

Por: Maricela Quintero. 

Me ha gustado trabajar con comunidades y especialmente en esta etapa del Proyecto de Ciudad Sostenible de FUNCOP Cauca pues he aprendido a ver cosas que antes no notaba, como quien dice que uno tiene ojos, pero sólo ve lo que uno mismo quiere ver, o mejor dicho: No hay peor ciego que el que no quiere ver. En este trabajo he aprendido a ver esas cosas que hacen de la vida algo mas hermoso, he aprendido a ver los Espíritus de los huertos, es como ver con el corazón.

He aprendido a ver cómo la tierra recupera a la gente y se convierte en una curación para algunos estados del alma y sirve para recuperar el sentido de pertenencia de uno mismo.

En el trabajo en las huertas escolares me he encontrado con que cada huerto tiene una historia propia, tiene como un alma o un espíritu que muchas veces ni la gente que lo cuida lo reconoce pero que si uno lo distingue, uno siente que lo acaricia.

Por ejemplo, en el huerto de la escuela Carlos Simons me encontré que los chicos y las chicas que estaban cultivando lo hacían como castigo, porque habían perdido una materia, o por su mal comportamiento, o por fallas graves. Así que para los muchachos y las muchachas era de mala presentación estar en ese huerto.

Cuando empecé a tratarlos había cierta distancia y desconfianza, pero cuando juntos comenzamos a acariciar la tierra y las piedras, o cuando manos y pies se unieron en medio del suelo, o cuando desmenuzábamos cada pedacito de terrón, es decir, cuando nos bañó la vida que está en la tierra y que sale por los cogollos de las matas, y que se pone dura en las piedras, pero frágil en los terrones, los y las muchachas se transformaron, me volvieron su confidente y nos volvimos una unidad con las piedras, con la tierra y con las matas. Me contaron y se contaron sus penas, las historias de sus casas, porqué querían o no a sus profesores, los recuerdos de sus vidas, de las desilusiones, de las peleas en la casa y vi esas pequeñas cosas que después dejan huellas en el alma, como las historias de los abuelos campesinos que tantas enseñanzas daban a estos muchachos. 

 En la mayoría de las casas de ellos tenían pequeños solares o jardincitos o materas en los que la familia mantenía perenne el recuerdo de sus orígenes campesinos, varios de los niños eran desplazados. La tierra surgió aquí como la gran hermanadora y recuperadora de los mal llamados chicos malos. 

                                  

 Los muchachos me pidieron semillas que se llevaron a sus casas y me invitaban a que los visitara para que conociera los frutos de sus siembras. Me he preguntado cuando reaparecerán estos recuerdos y experiencias en las vidas de los muchachos, ¿Cuándo sean adolescentes?, cuando sus hijos saquen malas notas?, cuándo vean una mata?, o en cualquier otra ocasión?, será esto la sostenibilidad de la vida?.

Porque siento que yo estoy haciendo parte de la vida de ellos, y ellos hacen ya parte de la mía, y lo que ha permitido este regalo es el espíritu del huerto.

Quería compartir esto con Uds., en los cuadritos de los informes no hay espacios para describir los espíritus de los huertos. 

 

 

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Última modificación: 28 de abril de 2006